El libro de los finales de Albert Angelo es una recopilación de las últimas palabras de escritores, filósofos, políticos, reyes, músicos y artistas, pronunciadas en su lecho de muerte, entre el tormento de los males físicos, antes de sumirse en el sueño eterno.

 

Esa obra, publicada en el año 2007 por Aleph Editores, es un acercamiento a la intimidad de grandes figuras de la literatura, las artes y la política, y nos demuestra cómo muchas de estas figuras abandonaron el mundo con orgullo, rabia, afecto, desesperación o nostalgia.

 

Desde luego, en torno a temas como este, siempre ha existido una buena cuota de especulación, así que nunca sabremos con certeza cuántas de estas frases son ciertas y cuáles han sido sutilmente retocadas, como ocurrió con las últimas palabras de Isadora Duncan, que fueron modificadas por su amiga Maria Desti para darle trascendencia a la controversial bailarina.

 

Desti hizo creer al mundo que Isadora, antes de marcharse con Bugatti, había pronunciado la frase: “¡Adiós, amigos míos, me voy a la gloria!”. Luego la amiga de la bailarina confesó al novelista estadounidense Glenway Wescott que sus verdaderas palabras fueron: “Me voy al amor”, pero las consideró inadecuadas como último testimonio histórico de su ilustre amiga.

 

A continuación te presentamos una lista de 30 frases que pronunciaron grandes escritores antes de morir:

 
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1. Ernest Hemingway

El autor de Adiós a las armas y El viejo y el mar, justo antes de suicidarse, se despidió de su mujer: “Buenas noches, gatita”.

 

2. Charles Dickens

Sufrió un ataque al corazón en plena calle y pidió que lo tumbaran, simplemente dijo: “¡Al suelo!”

 

3. Voltaire

Cuando el cura que le estaba dando la extremaución le preguntó si renunciaba a Satanás respondió: “Bueno, bueno, amigo. Este no es momento para hacer enemigos”.

 

4. Hunter S. Thompson

El autor de Miedo y asco en Las Vegas se quitó la vida de un disparo en la cabeza en su residencia de Woody Creek en el año 2005, a la edad de 67 años. La última frase de su nota de suicidio decía: “Relax. Esto no va a doler”.

 

5. Henrik Ibsen

El autor de obras como Casa de muñecas murió a causa de una serie de ataques de apoplejía, que lo dejaron postrado en la cama a la edad de 78 años. Cuando una enfermera le dijo que se le veía mejor, Ibsen solo respondió: “Al contrario”.

 

6. Louise May Alcott

La autora de Mujercitas murió por envenenamiento de mercurio (como consecuencia de un tratamiento para unas fiebres), pero sus últimas palabras fueron: “¿No es meningitis?”.

 

7. Jane Austen

Estaba ya enferma cuando su hermana le preguntó: “¿Quieres algo?”. Su respuesta fue “Lo único que quiero es morir”.

 

8. Anton Chejov

Murió de tuberculosis, para paliar el dolor su médico le dio champagne. Chejov exclamó: “Hacía años que no bebía champagne”.

 

9. W.C. Fields

Le dijo a su amante, la actriz Carlotta Monti: “Maldito sea este puto mundo y todos los que lo habitan, excepto tú, Carlotta”.

 
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10. H.G. Wells

El autor de La guerra de los mundos desconocía la severidad de su estado. De hecho poco antes de morir declaró: “Váyanse ya. ¡Estoy perfectamente!”.

 

11. Emily Brontë

La autora de Cumbres borrascosas no pudo disfrutar mucho tiempo de su éxito ya que su salud, que siempre había sido delicada, empeoró a causa de la tuberculosis, que finalmente se la llevaría la edad de 30 años. No quiso ser visitada por el doctor, y cuando se vio realmente enferma, ya fue demasiado tarde: “Si llamas al doctor, ahora sí que estoy dispuesta a verle.”

 

12. D.H. Lawrence

La pobreza le obligó a cambiar frecuentemente de domicilio, y terminó contrayendo la tuberculosis. En los últimos momentos de su vida, el autor de El amante de Lady Chatterley imploró a su mujer que le salvara: “María, ¡no me dejes morir!”

 

13. Emily Dickinson

Sus últimos años estuvieron marcados por su reclusión. Cuando murió su sobrino, su salud se deterioró rápidamente. Murió a los 56 años tras haber pasado varios días inconsciente: “…la niebla está subiendo.”

 

14. Sigmund Freud

El fundador del psicoanálisis y autor de obras fundamentales como La interpretación de los sueños era un fumador empedernido. En 1923 se le diagnosticó cáncer. Cuando no pudo aguantar más el dolor, pidió a su médico que le administrara una sobredosis de morfina. Entró en coma y murió al día siguiente: “Querido Schur, seguro que recuerdas nuestra primera charla. Prometiste ayudarme cuando ya no pudiera continuar. Es una tortura, y no tiene ningún sentido.”

 

15. Lord Byron

En 1823, cuando ya estaba pasando por un mal momento, se vio atrapado en una tormenta. Regresó a casa con una fiebre muy alta; el tratamiento no surtió efecto y entró en coma. Recuperó la conciencia el tiempo justo para decir estas palabras: “Me voy a dormir. Buenas noches.”

 

16. Heinrich Heine

Poco antes de morir dijo “Dios me perdonará, es su profesión”. Pero al parecer murió sin poder dejar por escrito su último mensaje.

 

17. Goethe

Murió en 1832, le había precedido su esposa en 1816 y su hijo en 1827. Está enterrado junto a Friedrich Schiller: “Abre la otra ventana… para que entre más luz.”

 

18. Karl Marx

El economista, filósofo y escritor de El capital sufrió un grave resfriado tras la muerte de su esposa. La enfermedad se agravó y derivó en bronquitis, y finalmente una pleuresía acabó con su vida. Mientras esperaba la muerte en su lecho, su criada le preguntó si tenía algunas últimas palabras que compartir: “¡Vamos, fuera! ¡Las últimas palabras son para estúpidos que todavía no han hablado lo suficiente!.”

 

19. Yukio Mishima

En 1970 cometió seppuku (suicidio ritual japonés) en público, tras fracasar en su intento de convencer a los militares para acabar con el gobierno civil de posguerra del país: “¡Larga vida al emperador!.”

 
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20. Edgar Allan Poe

El gran poeta romántico americano llevó una vida disoluta a causa de su feroz alcoholismo. El 3 de octubre de 1849 se el encontró por las calles de Baltimore, desvariando y vestido con ropas que no eran suyas. Fue trasladado al hospital, donde opuso resistencia al personal médico: “¡Que Dios se apiade de mi pobre alma!”

 

21. Sócrates

El gran filósofo griego murió a los 70 años de edad, aceptando su condena a muerte por no reconocer a los dioses atenienses. El método elegido por él mismo de entre los que le ofrecieron fue el de ingerir cicuta: “Crito, le prometí una gallina a Asclepio. ¿Te acordarás de pagarle?”

 

22. Leo Tolstoy

El escritor ruso, autor de Guerra y paz, basó su vida en el pacifismo y el ascetismo, rehusando las enseñanzas de la Iglesia ortodoxa. Mientras moría, rechazó a los amigos que le invitaban a reconciliarse con la Iglesia: “Incluso en el valle de las sombras de la muerte, dos y dos no hacen seis.”

 

23. Lewis Carroll

El autor de Alicia en el país de las maravillas murió de una neumonía después de sufrir una gripe. De pequeño, la tos ferina que padeció le produjo sordera en el oído derecho. Actualmente, hay biógrafos que sostienen que tomaba drogas psicoactivas: “Quíteme esta almohada. Ya no la necesito.”

 

24. Franz Kafka

Kafka fue un hombre de una salud frágil toda su vida: a su fobia social se le añadían migrañas, insomnio y otras dolencias, que intentó tratar con diversas terapias naturales, que quizá le provocaron la tuberculosis que finalmente le mató. Sus últimos días fueron un infierno de dolor, y suplicó a su doctor que acabara con ese sufrimiento: “¡Mátame o de lo contrario serás un asesino!”

 

25. Dylan Thomas

El laureado poeta galés murió como vivió: completamente borracho. La causa de su muerte fue una neumonía, mezclada con sus problemas hepáticos. Siempre estuvo orgulloso de su feroz alcoholismo, y a menudo fanfarroneaba de su aguante con la bebida: “Me he tomado dieciocho güisquis. Creo que es mi récord…”

 

26. Fernando Pessoa

Una de las mayores figuras de las letras portuguesas, Pessoa escribió estas últimas palabras tras haber perdido la facultad del habla. La causa de la muerte fue, de nuevo, una grave crisis hepática, producida por años de excesos con el alcohol: “No sé qué me depara el mañana”.

 

27. Saki

Estando enrolado durante la Primera Guerra Mundial, gritó esta frase a otro soldado en una trinchera, antes de ser alcanzado por un francotirador alemán, que probablemente le había oído: “¡Apaga el maldito cigarro!”.

 

28. Aldous Huxley

El autor de Un mundo feliz experimentó ampliamente con las drogas una vez instalado en California, de lo que saldría su libro Las puertas de la percepción, título del que Jim Morrison se serviría para bautizar a su banda, The Doors. Antes de morir le pidió a su esposa que le inyectara dos dosis de LSD: “LSD: 100 microgramos.”

 

29. Víctor Hugo

El autor de Los miserables murió a una avanzada edad de una pulmonía. Años antes habían muerto dos de sus hijos y su hija Adéle había terminado en un psiquiátrico. Durante su vida había cometido muchos excesos, sobre todo con la comida: “Veo una luz negra.”

 

30. Gustavo Adolfo Bécquer

Falleció a los 34 años de la llamada “enfermedad romántica”, la tuberculosis. Se desconoce si esta última frase tenía o no sentido; fue pronunciada entre delirios causados por una fiebre muy alta: “Todo mortal…”

 

Fuente: El libro de los finales de Albert Angelo

Vía: Papel en blanco