Al igual que otros muchos artistas, el italiano Amedeo Modigliani tuvo una vida intensa pero breve, marcada por los excesos, la enfermedad, el amor, la pobreza y, sobre todo, un increíble talento artístico.

 

Poco después de su llegada a París en 1906, el joven y enfermizo artista —que se había instalado en un modesto estudio de Montmartre—, era ya bien conocido en el ambiente bohemio de la capital francesa, y no precisamente por sus creaciones artísticas.

 
Amedeo Modigliani
 

Amante del alcohol y el hachís, Modigliani protagonizó no pocas fiestas —algunos de sus contemporáneos no dudaron en calificarlas de auténticas orgías—, tras las cuales solía acabar en las calles, vestido con su llamativo traje de terciopelo, recitando a gritos versos de Dante y provocando altercados con los gendarmes.

 

Aquella faceta de bohemio se completaba por su notable interés hacia el sexo femenino; una atracción recíproca, pues el artista conseguía cautivar con su fascinante personalidad a casi cualquier mujer que se cruzaba en su camino.

 

Un éxito que, por desgracia para él, no se extendió a su faceta artística hasta después de su muerte, pese a que poco a poco fuera conquistando algunos logros gracias a diferentes exposiciones y al patrocinio de su representante, el polaco Léopold Zborowski.

 

El que sin duda fue el momento más importante de su vida tuvo lugar en marzo de 1917. En aquellas fechas Modigliani llevaba ya algunos años viviendo en Montparnasse, y fue allí donde conoció, a través de una amiga común —la escultora Chana Orloff—, a quien sería el gran amor de su vida: Jeanne Hébuterne.

 
Jeanne Hébuterne
 

Jeanne era una joven estudiante de arte de 19 años con una belleza cautivadora y unos penetrantes ojos azules que sedujeron inmediatamente al artista italiano. La atracción fue recíproca, y poco tiempo después Amedeo y Jeanne comenzaron a vivir juntos en la vivienda que el artista tenía en Montparnasse, un estudio alquilado a su agente Zborowski.

 

El padre de la joven nunca aceptó aquella relación, pues consideraba al pintor y escultor italiano un judío inmoral y depravado. Y, de hecho, lo cierto es que la actitud bohemia y provocadora de Modigliani no ayudó mucho en cambiar aquella imagen negativa.

 

En diciembre de aquel mismo año, la galería de Berthe Weill había acogido una exposición monográfica dedicada a Modigliani —la única que se realizó en vida del artista—, y los gendarmes tuvieron que acudir a poner orden el mismo día de la inauguración, pues la exhibición de uno de los desnudos del italiano en el escaparate había causado un gran escándalo entre los parisinos.

 

En cualquier caso, el rechazo paterno no impidió que Jeanne siguiera empeñada en seguir adelante con su relación. A partir de ese momento la hermosa joven se convirtió en la musa y modelo principal de Modigliani, quien la retrató una y otra vez, sin descanso, mientras continuaba abusando del alcohol y las drogas a pesar de su delicada salud.

 

En abril de 1918, con los horrores de la Primera Guerra Mundial dando sus últimos coletazos, la pareja decidió trasladarse a Niza por temor a una eventual invasión de París por parte de las tropas alemanas, que habían comenzado poco antes su última ofensiva.

 

Fue allí donde Jeanne dio a luz a una niña, a la que llamaron como a su madre. Por desgracia para la pareja, aquella iba a ser uno de los últimos motivos de alegría de sus vidas.

 

La salud de Modigliani se deterioraba cada vez más —desde niño había padecido serios problemas respiratorios—, y a finales de 1919 los ataques de tos, que terminaban en hemorragias, indicaban que padecía una grave tuberculosis.

 

Pero a pesar de estos síntomas preocupantes, el artista no solo se negaba a acudir a un médico, sino que además continuaba abusando del alcohol, el tabaco y el hachís, por lo que su estado empeoró de forma alarmante.

 
Jeanne Hébuterne
 

Finalmente, a mediados de enero de 1920, Modigliani fue ingresado en el Hospital de la Caridad de París, inconsciente y moribundo, sin que los médicos pudieran hacer otra cosa que esperar el fatal desenlace. La muerte del artista se produjo el día 24 de ese mismo mes, pero la tragedia no vino sola.

 

Desconsolada y rota por el dolor, la jovencísima Jeanne —embarazada de nueve meses— se arrojó al vacío dos días después desde una ventana del quinto piso en el que residían sus padres.

 

Unos días después, el 27 de enero, cientos de personas se reunieron en el cementerio de Père Lachaise para despedir al genial artista italiano. Pero Amedeo Modigliani aún tuvo que esperar para que le permitieran reunirse con el gran amor de su vida.

 

La familia de la joven culpaba al artista de su suicidio, por lo que Jeanne fue enterrada en el cementerio de Bagneux. Fue Emmannuele Modigliani, hermano del pintor, quien diez años después consiguió convencer a la familia de la muchacha para que sus restos descansaran juntos.

 

Desde entonces Amedeo y Jeanne reposan bajo la misma lápida en el cementerio parisino de Père Lachaise. En ella, una frase recuerda al artista: “Alcanzado por la muerte en el momento de gloria”; otra, dedicada a Jeanne, reza lo siguiente: “Compañera devota hasta el extremo sacrificio”.

 

Fuente: Yahoo! España
Jeanne Hébuterne, la joven que murió por Modigliani