por Beatriz Vera Poseck
CLIJ (Cuadernos de Literatura Infantil y Juvenil) nº 190, Febrero 2006

 

Maria Gripe ha sido y continúa siendo una de las escritoras más reconocidas y alabadas de la historia de la literatura infantil y juvenil. Nacida en Vaxholm, una ciudad cercana a Estocolmo, en 1923, la escritora sueca se licenció en Filosofía e Historia de las Religiones y se dedicó posteriormente a la enseñanza. Fue a partir del nacimiento de su primera hija, Camila, cuando comenzó a escribir cuentos para niños, animada por su marido Harald Gripe, que es el ilustrador de gran parte de su obra.

 

A lo largo de su trayectoria ha sido galardonada con numerosos premios; en 1974 recibió el más importante dentro de la literatura infantil, el Hans Christian Andersen, logrando así un reconocimiento mundial.

 

En España, Maria Gripe alcanza la popularidad en la década de los 80 y durante diez años se convierte en una de las autoras más leídas por el público infantil y juvenil español. Son muchas las editoriales que apuestan por ella: SM, en sus colecciones El Barco de Vapor y Gran Angular, son los verdaderos promotores de su obra, pero también otras editoriales la dan a conocer: Alfaguara, Noguer, Alborada, Juventud y Planeta son algunas de ellas.

 

Sus primeros trabajos, publicados en los años 50, no obtuvieron especial reconocimiento y no es hasta 1960 cuando parece descubrir su propio estilo y comienza a triunfar en su país, para terminar siendo reconocida internacionalmente, ya que sus libros han sido traducidos a más de veinticinco idiomas. Su obra se compone de casi cuarenta libros, de los cuales apenas la mitad han sido publicados en nuestro país, y sólo diez no han sido descatalogados en la actualidad.

 

Maria Gripe se ha acercado a géneros muy diversos, desde el cuento hasta la novela de misterio, aunque sin duda es el relato realista el que caracteriza todo su trabajo y el que la convierte en una de las autoras más importantes de la LIJ.

 

El mundo infantil de la escritora

 

Durante casi veinte años, Maria Gripe centra toda su capacidad creadora en los niños. A través de relatos costumbristas y cuentos, la autora elabora un discurso en el que se asientan las bases del mundo racional y emocional infantil. Así, uno de los grandes valores de sus libros es el presentar al pequeño lector conceptos de gran importancia que ayudan a formar su pensamiento crítico y su capacidad reflexiva: la muerte, el tiempo, la religión, la amistad, la autoestima, el valor de las cosas sencillas… y lo hace de manera amena y cercana, permitiendo una primera aproximación a estas nociones básicas.

 

Los protagonistas de los libros de Maria Gripe son niños que tienen preocupaciones y reflexionan sobre el mundo en el que viven, son excepcionalmente lúcidos y conscientes de lo que ocurre a su alrededor. Son niños fuertes, maduros, sensatos, con un riquísimo mundo interior, que piensan por sí mismos y buscan respuestas a las cosas que les suceden. Esto no quiere decir que sean equiparados a los adultos, el mundo que dibuja esta autora en sus libros es claramente infantil, pero en él viven niños que piensan, razonan y deciden, niños que no son ingenuos ni irreflexivos. De esta manera, el pequeño lector se siente tratado con la misma seriedad que a un adulto mientras lee un libro dedicado especialmente a él.

 

Los personajes de los libros de la escritora sueca son niños corrientes, sencillos, rodeados de elementos fácilmente identificables por el lector, de elementos reales y cercanos. No viven experiencias extraordinarias ni fantásticas ni fuera de lo común, al contrario, son niños normales, como tantos, sus circunstancias pueden ser las de cualquier otro niño y su singularidad no radica tanto en las aventuras o desventuras que viven como en ellos mismos, en sus sentimientos e ideas. Es decir, su excepcionalidad recae en su forma de ser y de ver el mundo, no en sus circunstancias.

 

Pero si hay algo que deba destacarse en la obra de Maria Gripe, aquello que la engloba y la caracteriza, un hilo conductor presente en todo su trabajo, éste es el mundo emocional del niño. Los adultos tienden a ignorar el universo interior del niño, a sus ojos pareciera como si los pequeños no fuesen capaces de tener emociones o sentimientos complejos. Maria Gripe desnuda los sentimientos y emociones infantiles, revelando una riqueza inusitada. La sensación del adulto de que el niño no reflexiona y de que sus sentimientos son limitados queda claramente desmitificada en su obra. A la vez, la enorme variedad de sentimientos que reflejan sus libros, el gran abanico emocional que va más allá de la tristeza, el enfado o la alegría, sirven al niño que se acerca a la obra de Maria Gripe como herramienta para aprender a reconocer sus propias emociones, como una guía para desarrollarlas e interpretarlas.

 

La lectura de las obras de Maria Gripe es, por tanto y sobre todo, una lectura a nivel emocional, y esto es clave para el desarrollo afectivo del niño. De esta forma, sus libros cumplen una labor educativa muy importante al influir en la formación de la inteligencia emocional.

 

Los tres libros que componen las aventuras de Hugo y Josefina (1961-1966) fueron los que otorgaron a Maria Gripe su popularidad y reconocimiento. Josefina es una niña de 6 años que vive en un mundo de adultos en el que nadie le presta mucha atención, rodeada de personas mayores que no tienen tiempo para jugar o charlar con ella. Es una niña diferente y excepcional que no tiene amigos de su edad porque todos la consideran un «bicho raro». Es introvertida, extremadamente lúcida, juiciosa y perceptiva. Su amistad con Hugo, un niño nuevo que llega a la escuela, enseña a Josefina lo maravilloso de ser distinto a los demás. Hugo es también un niño diferente: rebelde, espontáneo, inquieto y carismático, logra dar un toque especial y mágico a todo lo que hace. A través de las vivencias de estos dos amigos, Maria Gripe asienta en los lectores las bases de conceptos tan importantes como la muerte, la religión, el amor por la naturaleza o el valor de la amistad.

 

Con La hija del espantapájaros (1963), Maria Gripe alcanza una de sus cumbres literarias. Esta novela ha sobrepasado en nuestro país las cuarenta ediciones, siendo de lectura recomendada en muchos colegios. Loella es una niña de 12 años que vive en el campo al cuidado de sus hermanos pequeños, rodeada de la naturaleza, que le da todo lo que necesita. Cuando los servicios sociales la obligan a trasladarse a la ciudad y empezar la escuela, Loella sufrirá mucho al principio, añorando a sus hermanos y su forma de vida en el bosque, pero terminará adaptándose a su nueva situación y descubrirá que los mejores amigos pueden encontrarse en personas muy diferentes a uno mismo y que lo importante es no perder nunca la ilusión y la esperanza porque es lo que nos mantiene vivos. Éste es, sin duda, uno de los libros en los que con mayor precisión y calidad la escritora sueca explora el mundo emocional de los niños, y consigue transmitir al lector toda la potencia conmovedora de los sentimientos.

 

Aunque la obra de Maria Gripe destaca por su realismo costumbrista, la autora también ha hecho sus incursiones en el mundo de la fábula infantil. A esta época pertenece uno de sus cuentos más especiales; Los hijos del vidriero (1964), que ha sido declarado Libro de Interés Infantil por el Ministerio de Cultura de España y ha alcanzado las treinta ediciones. A través de la historia de dos niños de una familia humilde, Klas y Klara, que un día son raptados por un matrimonio adinerado, la autora teje una historia entrañable que viene a recordarnos la fragilidad de las cosas bellas, a través de la metáfora de la delicadeza del vidrio, el oficio de su padre. La felicidad que se alcanza sin tener cosas materiales. Tenerlo todo y no ser feliz y ser feliz sin tener nada. La felicidad se encuentra en la capacidad de desear, en la ilusión.

 

El rey y el cabeza de turco (1967) y El país de más allá (1969) son dos cuentos de factura tradicional en los que no faltan los castillos, los reyes y las princesas, pero a los que se le añaden el toque personal de la autora, que estructura a través de estas historias un alegato sobre el poder de rebelarse contra las normas y lo que está escrito, por el amor a la libertad de ser uno mismo.

 

Que las relaciones entre niños y adultos no tienen que ser siempre complicadas y distantes, que pueden desarrollarse con naturalidad y facilidad y ser enriquecedoras para ambos, es algo que queda muy bien reflejado en Mi tía, agente secreto (1970), quizás uno de sus libros más convencionales y por tanto de menor relevancia, pero igualmente entretenido, y en los libros de Julia y el papá de noche (1968-1971). En ellos, se narra la relación de la pequeña Julia con Peter, el hombre a quien su madre contrata para que cuide de ella mientras trabaja durante la noche, y que se transforma no sólo en su «papá de noche» sino en un verdadero amigo. La editorial Juventud publicó los dos libros que componen la saga, y en el año 2003 reeditó por quinta vez el primero de ellos; esperamos fervientemente que se decida a reeditar también el segundo.

 

El comienzo de la década de los 70 es testigo de una de las mejores sagas de la autora, que tienen como protagonista a Elvis Karlsson (1972-1979). Cinco novelas —de las que desgraciada e incomprensiblemente sólo tres han sido traducidas al castellano—, que componen un recorrido por los primeros años del pequeño Elvis y que nos permiten acompañarlo en su crecimiento como persona.

 

Elvis es un niño al que sus padres no hacen mucho caso. Tiene 6 años y está a punto de comenzar la escuela, mantiene una difícil relación con sus padres; no se entiende con ellos y, de hecho, parecen hablar idiomas diferentes. Es especialmente reflexivo y juicioso pero sus padres no entienden que ha dejado de ser un bebé y que necesita que le traten como una persona capaz de pensar y decidir por sí misma, que le digan la verdad y le hablen con franqueza, sin tapujos ni mentiras —una denuncia al secretismo que está presente en muchos de los libros de la escritora sueca—. Las relaciones personales, el amor por los animales y la naturaleza, la muerte de seres queridos, el divorcio de los padres y la importancia de ser uno mismo son otros temas tratados en estos libros.

 

Los libros de Elvis reflejan los problemas de comunicación entre padres e hijos y hacen así de guía útil para padres. De hecho, la figura de la madre de Elvis, que cree que su hijo sólo pierde el tiempo, juega y corretea, que no tiene criterio ni capacidad de decidir, que no merece ser escuchado ni tomado en cuenta, es el reflejo del sentir general de muchos adultos.

 

Cumplen además una importante labor educativa al funcionar como un instrumento que ayuda a formar la personalidad del pequeño lector a través de las vivencias de un niño fácilmente reconocible y cercano.

 

El mundo juvenil de la escritora

 

Es obvio que existe una diferencia cultural importante entre los países nórdicos y los mediterráneos. Se atribuye a los primeros una frialdad y seriedad que contrasta con la calurosa alegría de los países del sur. Sin embargo, la literatura de Maria Gripe es universal y sus historias y personajes no entienden de diferencias culturales, por lo que el lector de sus novelas se siente plenamente reflejado en ellos e identificado con sus planteamientos.

 

Dedicada al mundo juvenil, Maria Gripe se centra en el desarrollo de la personalidad, en las dudas y desorientaciones que vive aquel que ha dejado de ser un niño pero aún no ha alcanzado la edad adulta, en esa etapa de transición tormentosa que es la adolescencia.

 

Continúa tratando temas de importancia clave para la formación del ser humano: la muerte, el divorcio de los padres, la amistad, las relaciones entre padres e hijos, aunque son libros que demandan ya una lectura más madura y profunda, a la vez que introduce temas nuevos y acordes con los intereses y preocupaciones de sus lectores: los cambios en la adolescencia, la búsqueda del yo, la formación de la personalidad propia, la libertad de decidir y el proceso de convertirse en aquel que se quiere ser.

 

Los años 70 son testigo de los primeros acercamientos de la autora al público juvenil. Siendo ya una escritora consagrada de literatura infantil, comienza a interesarse también por el lector de más de 12 años. El túnel de cristal (1969) es su primera incursión en el mundo de la adolescencia, una biografía de un chico que desaparece de su casa decidido a encontrarse a sí mismo y a descubrir su verdadera personalidad. En su viaje iniciático encuentra numerosos amigos que le enseñan importantes lecciones de vida y le ayudan en su transformación personal.

 

La consagración de Maria Gripe como escritora juvenil llegará en 1974 con El abrigo verde, sin duda su libro más crudo y profundo, ya que aparece en él una textura que no estaba presente en ninguno de sus anteriores trabajos. Fredrika es una adolescente que busca su propio camino mientras se enfrenta a la separación de sus padres y al posterior fallecimiento de su padre, y acaba encontrando su propia personalidad y demostrando ser dueña de sí misma.

 

A partir de 1980, Maria Gripe se arriesga con un nuevo género por el que siempre se había sentido atraída: la novela de misterio. Con su aproximación a la literatura de suspense, la escritora consigue atraer al sector juvenil, ya que este género es sin duda el más adecuado para despertar en el adolescente el interés por la lectura.

 

A esta época pertenece uno de sus libros más alabados, Los escarabajos vuelan al atardecer (1979), que todavía hoy continúa siendo reeditado y ha alcanzado las cuarenta y cuatro ediciones en España. David, Annika y Jonás son tres jóvenes amigos que pasan las vacaciones de verano cuidando las plantas de una misteriosa finca que guarda enigmáticos secretos. A través de la identificación de cada uno de los tres protagonistas con una parte del misterio, el lector se acerca a su mundo interior y descubre sus caracteres y personalidades. Y es que el misterio proporciona en esta ocasión a la autora un pretexto con el que continuar desmenuzando las relaciones humanas, el amor e incluso el papel de la mujer en la sociedad del siglo xix.

 

Agnes Cecilia (1981) es un relato en el que lo sobrenatural y lo real se entrelazan y se comunican a través de Nora y Cecilia, dos adolescentes pertenecientes a distintas épocas. Nora es una joven de 15 años cuyos padres murieron en un accidente de tráfico siendo ella una niña, y fue adoptada por unos familiares lejanos. De forma paralela a sus encuentros con otras dimensiones espacio-temporales que la llevarán a desvelar las raíces de su propia familia, Maria Gripe revela los sentimientos de pertenencia y desarraigo y toca temas tan relevantes como la familia, la adopción y las mentiras piadosas que ocultan verdades incómodas.

 

A pesar de tratarse de novelas de misterio, la escritora continúa explorando la personalidad y el mundo afectivo de los protagonistas. Con un estilo conciso y espontáneo el suspense va envolviendo al lector a medida que avanza en la lectura, a la vez que va conociendo en profundidad la personalidad de los protagonistas, sus deseos y sus miedos, por lo que ni siquiera en estas novelas deja Maria Gripe de ahondar en el mundo interior del adolescente.

 

Sus últimos libros aparecidos en nuestro país componen una tetralogía, El Ciclo de las Sombras (1982-1988), de la que una vez más, incomprensiblemente, SM sólo publicó los tres primeros volúmenes, dejando a muchos fans de la autora en una espera que se alarga ya más de diez años. Estos libros relatan las andanzas de dos adolescentes, Carolin y Berta, desde que se conocen y entablan amistad hasta que deciden pasar el verano trabajando en un castillo para conseguir algo de dinero. Allí les esperan Arild y Rosilda, dos hermanos con los que cada una de ellas encontrará una manera especial de relacionarse.

 

Amor y misterio se mezclan en estas sus novelas más adultas y ambiciosas, con las que logra alcanzar su culmen literario al engarzar todos los géneros a los que ya se había acercado con anterioridad, tejiendo un relato en el que se unen el misterio con la fábula y las complejas relaciones entre los protagonistas. Un conjunto de novelas que rinden definitivamente al lector a los pies de su autora.

 

La obra de la autora en el cine

 

El gran éxito de sus novelas ha derivado en un enorme interés por adaptar su obra a otros medios de difusión. Así, varios de sus libros han sido llevados a la gran pantalla, a la televisión e incluso a la radio.

 

Los países nórdicos cuentan con una larga tradición de cine sobre la infancia, arraigado en la riqueza de su literatura narrativa. En este sentido, los libros de Maria Gripe, junto con los de Astrid Lindgren (ambas escritoras son las autoras más importantes de LIJ en Suecia) han supuesto una importante fuente de donde extraer películas. Al éxito de Hugo y Josefina (Hugo och Josefin, 1967), dirigida por Kjell Grede, le siguieron ¡Elvis, Elvis! (1976) dirigida por Kay Pollal, El misterio de Agnes Cecilia (Agnes Ceciliaen sällsam historia, 1991) de Anders Grönors y Los hijos del vidriero (Glasblåsarns barn, 1998) del mismo director.

 

De su tetralogía de las sombras se hizo Flickan vid stenbänik (1989) una miniserie de televisión de 9 capítulos, dirigida por Marianne Ahrne. Además, sus novelas La hija del espantapájaros y Pa-pá de noche han sido adaptadas por Stellan Olsson para televisión y también se han realizado seriales de radio de varios de sus libros.

 

Fuente: Arce