Cuando Axel Rüger y Nienke Bakker, el director y la conservadora del Museo Van Gogh, desvelaron ayer el retrato del doctor Félix Rey, traído para la ocasión del Museo Pushkin de Moscú, el rostro de este buen hombre parecía intentar hablar. Y curiosamente así ha sido.

 

El misterio de la oreja que Vincent van Gogh se automutiló en una tormentosa noche del 23 de diciembre de 1888 se ha resuelto con el hallazgo de una nota manuscrita del propio doctor Rey en la que éste explica sin ningún tipo de duda que el pintor se cortó realmente todo el apéndice auricular izquierdo y apenas quedó un colgajo del lóbulo.

 

El Museo Van Gogh de Ámsterdam presentó ayer una nueva exposición dedicada a los últimos meses de la vida de este artista que acabó sus días suicidándose de un disparo en el corazón realizado con una pistola que también puede verse, entre otras muchas curiosidades de este periodo sombrío en el que el pintor vivió «Al borde de la locura».

 
La persona que ha encontrado la respuesta a este interrogante en la biografía de uno de los pintores más populares del mundo no ha sido ningún académico de renombre, sino una historiadora aficionada llamada Bernadette Murphy, que vive desde hace más de 30 años en el sur de Francia –no lejos de la ciudad de Arles, donde sucedieron los hechos– y que, sin haber realizado ninguna investigación académica en su vida, se atrevió a intentar desvelar uno de los misterios que había dado lugar a las más diversas teorías.

 

Bernadette, que no quiere desvelar su edad pero que reconoce que a estas alturas de su prolongada vida ha preferido recuperar también los papeles de su padre irlandés para tener un pasaporte europeo porque no está nada contenta con el Brexit, encontró esta carta (o logró que la encontrasen) en los archivos del escritor norteamericano Irving Stone que se guardan en la Universidad de Berkeley.
 

Un mito

 
En 1930 Stone había pedido detalles al doctor Rey, que fue el que curó la herida del pintor y que en una minuta con su membrete le respondió describiendo exactamente el dramático corte y pidiéndole que «glorifique como merece al genio de la pintura moderna» que para entonces ya se había convertido en un mito.

 

Irving Stone había hecho una novela que sería llevada al cine con enorme éxito por Kirk Douglas explicando, como era de esperar, la versión verdadera del corte de la oreja. Pero, como la novela estaba también llena de otros detalles nacidos de su imaginación, nadie lo tomó en serio.

 

En la exposición hay numerosa documentación y dibujos sobre las distintas versiones que se han dado por buenas a lo largo del último siglo y que se dividían entre los que pensaban que apenas se había sajado una parte del lóbulo o los que decían que el corte partió el apéndice en dos.

 

Los propios autorretratos del pintor tampoco permitían discernir exactamente qué tipo de heridas se ocultan bajo los aparatosos vendajes. Ninguna otra prueba aporta una certeza comparable a la del manuscrito del médico. Esa carta doblada y escrita en francés, con el diagrama del terrible tajo que el pintor se infligió a sí mismo con una navaja de afeitar tras una tormentosa discusión con Gauguin, es la estrella de esta exposición que demuestra que los responsables de este museo, que ya tiene la mayor colección del mundo sobre Van Gogh, son capaces de seguir escarbando en busca de novedades en un terreno en el que siempre aparece algo nuevo que contar.

 

Muerte en Auvers-sur-Oise

 

Se sabe que Van Gogh se suicidó de un disparo en el corazón con un revólver Lefaucheux. Era un arma bastante común en la época, que quedó perdida en el campo de Auvers-sur-Oise donde el pintor decidió despedirse de la vida. Como el disparo no logró alcanzarle el corazón, el pintor aún tuvo tiempo de intentar buscar el arma tal vez para hacer un segundo disparo. No fue necesario porque moriría tres días después. Y el revólver estuvo allí en ese campo hasta que en los 60 un agricultor lo encontró herrumbroso y destrozado por el tiempo, pero con la evidencia implacable de que había sido disparado antes de caer al suelo y mezclarse con la tierra y las espigas de décadas de cosechas. Otras teorías, sin embargo, apuntan a que su muerte se debió a un disparo accidental de un joven del pueblo.

 

Por supuesto, esta exposición no cierra todos los misterios de una vida tan llena de incógnitas. En septiembre, cuando se clausure esta exposición, se ha planeado un simposio médico para ver si los especialistas contemporáneos son capaces de encontrar un diagnóstico clínico para describir la enfermedad que atormentó los últimos días del genio.

 

Para determinar si era bipolar, esquizofrénico o víctima de una intoxicación, tendrán a la vista todos los testimonios y la documentación de la época, como el atestado del jefe de la policía de Arles, en el que constan los testimonios de numerosos vecinos aconsejando que se internase a ese pintor holandés que se había presentado con su propia oreja en la mano y se la había encomendando a una prostituta como «algo muy valioso».

 

La crónica de este hecho en la prensa local no dejaría indiferentes ni siquiera a los actuales habitantes de esta ciudad en la que Van Gogh se había propuesta fundar un foco de creación artística con Gauguin pero que terminó en una disputa dramática.

 

Según la versión oficial, tras haberse desprendido de la oreja, Van Gogh fue encontrado inconsciente en su dormitorio, pues había perdido mucha sangre. El doctor Rey le había dicho que la causa de sus problemas estaba en sus excesos con el café, la absenta, el tabaco y los malos consejos de un manual de medicina naturista de la época publicado por un tal Raspail.

 

Todo ello aparece, junto a una carta de su hermano Theo, en el bodegón «Un plato de cebollas», que es como un autorretrato imponente de ese artista que va a aceptar finalmente ser internado en el sanatorio de Saint-Rémy-de-Provence, una etapa sombría que anticiparía el final del vertiginoso trayecto de su mente.

 

Para Nienke Bakker, aunque Van Gogh intenta quitarse la vida varias veces ingiriendo pintura, «no es el trabajo lo que le consume, sino al revés»: su producción se vuelve más intensa en los periodos de lucidez en los que se le permite trabajar. Pero ese trabajo le va hundiendo a su vez en ese pozo misterioso en el que solo sobreviven algunos genios. El doctor Félix Rey, un modesto galeno rural al que Van Gogh le hizo este impresionante retrato que ahora se puede ver en su verdadero contexto, estaría orgulloso de esta exposición. No hay más que verlo.

 

Fuente: ABC.es