Bookólica Tienda de Café

Un estudio llevado a cabo a mediados de este año por la empresa Dunkin Donuts y Career Builder, demuestra cuáles son las profesiones de la actualidad que presentan el mayor consumo de café, figurando en la lista profesionales de la docencia, chefs, relacionistas públicos y científicos, entre otros. Desde luego, dentro de la lista no podían faltar los escritores y es que, desde que el café se introdujo en el mundo occidental, los letrados han edificado un culto en torno al consumo y la valoración de esta bebida.

El café se saca por la taza

Bookólica KierkegaardSoren Kierkegaard solía escribir por las noches para valerse del silencio nocturno y aumentar así su capacidad de concentración. Por esta misma razón, consumía grandes cantidades de café para mantenerse despierto, pero la particularidad del gusto por el café que tenía este filósofo danés, venía acompañada de una extensa colección de tazas, cada una con su respectivo plato. Cada vez que el sirviente de Kierkegaard le servía al autor la bebida, tenía que procurar no repetir la taza y, a su vez, justificarle al teólogo por qué había escogido cada modelo en cada ocasión.

Magdalenas con sabor a café

Bookólica Marcel ProustLos conocedores de la obra de Marcel Proust y su extensa historia en torno a la aparición de los varios volúmenes de En busca del tiempo perdido, sin duda recordarán el episodio en el que el autor se regodea en el recuerdo de una magdalena, acompañada de una taza de té. Para sorpresa de muchos, no era precisamente el té la bebida predilecta de este novelista francés, sino el café, que era prácticamente lo único que tomaba. La dieta de Proust era sumamente curiosa, en especial porque hacia los últimos años de su existencia, sólo comía croissants, acompañados de café con leche.

En un día, el café de una semana

Bookólica VoltaireVoltaire superó con creces las adicciones de Honoré de Balzac en torno al consumo de café. El filósofo francés era capaz de consumir en un día 72 tazas de café, una ingesta similar a la que una persona promedio podría ingerir a lo largo de una semana. Voltaire no sólo tenía una gran predilección por esta bebida, también frecuentaba con asiduidad los cafés parisinos, recintos que, para su época, se habían transformado en los principales centros de reuniones de los letrados y pensadores europeos.

El café para hombres de “vigor excesivo”

FRANCE - HONORE DE BALZACEn su “Tratado de los estimulantes modernos” el escritor francés Honoré de Balzac dejó bien claro cuánta fe poseía en el café como una bebida capaz de estimular la creatividad (contrario a lo que piensan los expertos contemporáneos, que asocian el acto creativo a una menor capacidad de concentración). El consumo de café del autor de Papá Goriot y Las ilusiones perdidas, estaba directamente asociado a su extraña rutina de trabajo: Balzac solía irse a la cama a la seis de la tarde, se levantaba sobre la una de la madrugada y escribía hasta las seis de la tarde del día siguiente.

Honoré de Balzac era capaz de tomar hasta cincuenta tazas de café al día para mantenerse lúcido y despierto. Inicialmente consumía café turco, que se caracterizaba por su fuerte sabor y su consistencia más bien espesa, pero con el paso del tiempo, cuando la cafeína no surtía en él el mismo efecto, pasó a tragar los granos enteros con el estómago vacío, una medida que describió como algo “horrible” y que sólo los hombres de “vigor excesivo” como él, podían soportar.