La Masía es el nombre de una pintura de grandes proporciones que Joan Miró inició en Mont-roig, Tarragona, en el año 1921 y que finalizaría en su estudio de París al año siguiente. Las anécdotas que guarda el pintor catalán de la elaboración de este cuadro no son nada alentadoras, pues lo describe de la siguiente manera: “han sido nueve meses de trabajo constante y pesado… Sufría terriblemente, bárbaramente, como un condenado”.

 

Joan MiróErnest Hemingway tuvo la oportunidad de ver el cuadro en el estudio del pintor y la conexión fue inmediata. El escritor norteamericano no perdió la esperanza de adquirir el lienzo, hasta que finalmente lo consiguió en el año 1925, luego de una noche de recorrer los bares y restaurantes de París en compañía de John Dos Passos y Evan Shipman pidiendo dinero a los amigos y conocidos para completar los 3.500 francos que costaba la obra.

 

Cuando el autor de Por quién doblan las campanas salió del estudio de Miró llevando en sus manos La Masía, abordó hasta su residencia en París un taxi descubierto, y el viento hizo que la tela se inflara, como las velas de un barco. Luego, al ver la pintura en su residencia, Miró le manifestó el agrado que le producía saber que la tenía consigo, pues su representante, Léonce Rosenberg, ya había contemplado la posibilidad de cortar la pintura en ocho pedazos para poder venderla, pues era demasiado grande.

 

Álex Fernández de Castro nos cuenta la historia

 

La Masía Hemingway 1La relación epistolar y cercana que mantuvieron estos dos maestros y el vínculo que existió entre ambos gracias a La Masía, es narrada por Álex Fernández de Castro en su libro: La Masía. Un Miró para Mrs. Hemingway. En este texto el investigador narra todas las anécdotas que giran en torno a la obra maestra del pintor catalán, un tomo que le llevó aproximadamente cinco años de investigación.

 

A pesar de que físicamente Hemingway y Miró eran muy disímiles, les unieron algunos aspectos en común: la añoranza por la vida campestre, la nostalgia de Cataluña y el boxeo. La Masía acompañó a Hemingway durante buena parte de su vida, y la llevó consigo a Chicago, a Florida y a Cuba. A pesar de que el autor de El viejo y el mar logró tener una colección importante de arte, con obras de Paul Klee, Juan Gris y André Masson, entre otros, ningún lienzo significó tanto para él como el trabajo de Miró.

 

La Masía Hemingway 2Durante su estadía en Cuba, Joan Miró le solicitó la obra para someterla a una restauración exhaustiva y llevarla al MoMA de Nueva York, donde se llevaría a cabo una exposición de su trabajo. Hemingway accedió y le prestó La Masía por el tiempo que fuera necesario. Al estallar la revolución cubana la obra ya se encontraba fuera del país, en manos de Mary Welsh, la cuarta esposa del escritor.

 
Welsh cedió la pieza en el año 1986 a la National Gallery de Washington, donde se convirtió en una de las obras maestras de la colección permanente de este museo.
 
La Masía