Este importante poeta, miembro de la generación del 18 junto a otras destacadas plumas venezolanas, como Andrés Eloy Blanco, ganador del Premio Nacional de Literatura en 1967, es indiscutiblemente un creador de versos bondadoso, ya que como dijo acertadamente José Ramón Medina en su estudio sobre la significación poética en Paz Castillo: “sin bondad, que es condición primaria del alma, no se hace jamás buena poesía”.

 

Paz Castillo 3La generosidad de Paz Castillo puede identificarse en sus versos atinados, donde no hay lugar para lo superfluo; en sus frases que quedan en nuestra memoria y en nuestros labios, luego de pronunciarlas, como un elixir que se prenda de nuestros sentimientos y de nuestras reflexiones, y no podríamos menos que enamorarnos de este artesano de las metáforas, autor de obras como La voz de los cuatro vientos (1931) y El otro lado del tiempo (1971).

 

Ensayista, diplomático y maestro, además de poeta, difundió su sabiduría por más de una década en recintos como el Instituto San Pablo y la Escuela Normal Miguel Antonio Caro. En la mente de Paz Castillo se formó la historia central que narraría los amores de Hilario Guanipa y su idolatrada Adelaida Salcedo, de cuya unión nacería Victoria Guanipa, muy posiblemente uno de los personajes más encantadores de la narrativa venezolana.

 

Es precisamente por esto que Rómulo Gallegos no dudó en dedicar a Don Fernando la primera edición de La Trepadora, publicada en el año 1925, siendo una de las primeras obras del autor de Canaima y Cantaclaro.

 

Paz Castillo 2Como diplomático, Paz Castillo no sólo vivió en múltiples países, sino que además experimentó muy de cerca las angustias de la Segunda Guerra Mundial. A finales de la década de los cincuenta, volvió a Caracas, su ciudad natal, donde no sólo se dedicaría a la crítica literaria y a colaborar en revistas literarias, sino que además seguiría componiendo sus reconocidos poemas.

 

Dos años antes de obtener el Premio Nacional de Literatura, fue nombrado miembro de la Academia Venezolana de la Lengua. Su anhelo de persistencia, tan presente en algunos de los poemas en los que decide desafiar a la muerte para apostar por un estado de perdurabilidad emocional y espiritual, resultó al fin y al cabo vencedor, pues Don Fernando persevera en cada verso leído o pronunciado, en el legado que nos obsequió su bondad.