Tenía 22 años cuando Arnold Samuelson se convirtió en un aventurero. Empacó su violín, un saco de dormir y algunas pocas pertenencias para lanzarse a conocer los Estados Unidos, vendiendo algunas de sus historias de viaje a la publicación Sunday Minneapolis Tribune.

 

Fue en abril del año 1934 cuando Samuelson, de vuelta en Minnesota, leyó una historia firmada por Ernest Hemingway que había sido publicada en Cosmopolitan. Se trataba de una narración breve que tenía por nombre “One trip across”, y que años más tarde se convertiría en parte de la cuarta novela del autor norteamericano, una obra que lleva por nombre Tener o no tener.

 

Ernest Hemingway in Cuba. Ida Woodward Barron Collection.

 

Aquella narración impresionó tanto a Samuelson, que el joven no dudó en hacer de nuevo su equipaje y recorrer más de 2.000 millas con tal de conocer al escritor y obtener de él algunos consejos que sirvieran de ayuda a un chico con un poco más de veinte años que soñaba con convertirse en un gran escritor. Fue movido por esta determinación que Samuelson llegó a La Florida.

 

Cuando Arnold Samuelson estuvo por fin frente a la casa de Hemingway en Key West y el escritor salió a su encuentro dando muestras de curiosidad y extrañeza, el joven olvidó todo el discurso que había preparado para dirigirse al autor de Adiós a las armas, y luego de expresarle torpemente su admiración por la publicación que había difundido de él la revista Cosmopolitan, el escritor lo invitó a una charla al día siguiente.

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Durante su primera conversación, Hemingway compartió con Samuelson consejos valiosos: le propuso no escribir por un tiempo muy prolongado y le invitó a saber cuándo detenerse, asegurándole que al saber lo que vendría a continuación, era un buen momento para cesar en la labor hasta el día siguiente, permitiendo que el descanso y el subconsciente le ayudasen a completar en su mente las acciones e ideas que debía aportar a su historia.

 

Acto seguido, ambos personajes hablaron de libros y Hemingway confesó a Samuelson que algunos de sus favoritos eran Secuestrado de Robert Louis Stevenson, Walden de Henry David Thoreau y Guerra y Paz de Lev Tolstoi. Luego, por petición del joven escritor, el autor de El viejo y el mar acudió a su lugar de trabajo y allí redactó para él una lista de relatos y novelas que, de acuerdo a sus consideraciones, cualquier joven interesado en aprender a escribir debería leer.
La lista de Hemingway estaba compuesta por las siguientes obras:

 

  1. “El hotel azul” – Stephen Crane
  2. “El bote abierto” – Stephen Crane
  3. Madame Bovary -Gustave FlaubertHemingway-Reading-List-e1369330871727
  4. Dublineses – James Joyce
  5. Rojo y negro – Sthendal
  6. Servidumbre humana – W. Somerset Maugham
  7. Ana Karenina – Lev Tolstoi
  8. Guerra y paz – Lev Tolstoi
  9. Los Buddenbrook – Thomas Mann
  10. Hail and Farewell – George Moore
  11. Los hermanos Karamazov – Fyodor Dostoevsky
  12. The Oxford book of English verse
  13. La habitación enorme – E.E. Cummings
  14. Cumbres borrascosas – Emily Brönte
  15. Allá lejos y tiempo atrás – W. H. Hudson
  16. El americano – Henry James.

 

Ernest Hemingway entregó en las manos de Samuelson un ejemplar de Adiós a las armas, pidiéndole que lo regresara cuando acabara de leerlo, pues era el único ejemplar de esa edición que guardaba. Aquella noche cuando el joven viajero regresó a la cárcel de Key West para pasar la noche, puesto que no tenía un centavo para pagar por hospedaje, devoró la obra del novelista norteamericano y regresó a su casa al día siguiente para devolverla, tal y como había prometido.

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Sorprendido por su avidez, Hemingway lo recibió de nuevo, esta vez con una interesante propuesta: le ofreció trabajo en su bote, y fue así como inició un año de convivencia entre el escritor y su joven admirador. De estas anécdotas surgió el libro With Hemingway: A Year in Key West and Cuba, escrito por Samuelson, y los artículos “Monologue to the Maestro: A High Seas Letter” y “Seven Tips From Ernest Hemingway on How to Write Fiction”, ambos de la autoría del novelista.