En el año 2000 el Centro Nacional de Arte y Cultura Georges Pompidou presentó una exposición de Brassaï que estaba compuesta por 450 obras. Gracias a la ayuda de Gilberte, la viuda de este fotógrafo húngaro, se pudo recopilar esta vasta producción de maravillosas piezas que este inquieto genio de la imagen produjo por años.

Su verdadero nombre era Gyula Halász pero se dio a conocer en el mundo del arte parisino como Brassaï, que significa “de Brassó” su ciudad de nacimiento. En 1924, tras culminar un período en la Universidad de las Artes de Berlín, se trasladó a París, donde vivió por el resto de su vida.

Fueron las novelas de Marcel Proust las que le enseñaron a hablar en francés y con el dominio del idioma comenzó a trabajar como periodista, mientras vivía en el barrio de Montparnasse, rodeado de los grandes artists y escritores de la época, entablando amistad con personajes como Henri Miller, Jacques Prévert, Salvador Dalí, Pablo Picasso, Henri Matisse y Alberto Giacometti, entre otros.

Henri Miller, autor de El trópico de cáncer, no sólo sería el responsable de escribir el prólogo de algunos de sus libros (Brassaï firmaría a lo largo de su vida diecisiete tomos y numerosos artículos), sino que además fue el responsable de darle el nombre de El ojo de París en uno de sus ensayos, título con el que se reconocería al fotógrafo húngaro posteriormente.

picassoLa amistad de Brassaï y Picasso fue sumamente cercana y esta camaradería no sólo se tradujo en múltiples y maravillosos retratos que el fotógrafo hizo del artista español, sino también en una admiración mutua, que puede verse reflejada en el libro Conversaciones con Picasso, una de las obras literarias de mayor relevancia escritas por Brassaï y publicada hacia el año 1964.

Una de las bondades del trabajo fotográfico de Brassaï, es que su lente no discriminaba, por eso se hace referencia a su trabajo como una de las personas encargadas de documentar la cara más sórdida de la capital parisina para su época. La predilección de Brassaï por dejar a la lluvia, la niebla y la escasa luz de los faroles hacer sobre sus negativos en dilatadas exposiciones forma parte de su estética inconfundible y cautivadora.