Curvas abiertas, colores potentes, figuras rechonchas, dinamismo, comicidad, voces. La ópera bufa L’elisir d’amore (El elixir de amor), de Gaetano Donizetti, es un espectáculo de dos actos en el que el romance, la burla y la sátira toman el protagonismo con las figuras que el artista colombiano Fernando Botero ha diseñado a lo largo de su dilatada carrera. La serie de cuadros El circo inspiró al director de escena Víctor García Sierra para recrear el bucólico mundo de Adina y Nemorino en una obra estrenada en 1932 en el Teatro della Cannobiana de Milán.

 

“Empecé a encontrar en cada una de las figuras del autor a los personajes de la ópera y así fui confeccionando el elenco. Incluso cada miembro del coro tiene su propio diseño de vestuario. El maestro Botero fue gentilísimo, vio todos los personajes y los fue aprobando. Incluso nos remitió un dossier con todos sus dibujos para que estudiáramos cuál encajaba mejor”, menciona García Sierra.

 

El filtro de amor que enmarca las aventuras y desventuras de Tristán e Isolda hace creer al humilde y tímido granjero Nemorino que el elixir vendido por un doctor ambulante en el pueblo le va a hacer conquistar el corazón de la refinada Adina, que paseará por el escenario con una indumentaria que evoca al cuadro La niña de los girasoles, con su vestido azul de cuello blanco.

 

Entre los testigos del romance amenazado por el engreído sargento estará el forzudo de Botero envuelto en una serpiente, la campesina Gianetta ataviada de naranja, ocho acróbatas, zancudos, malabaristas y cinco niños. “Quiero que sea una fiesta venir al teatro, las bellas artes no deberían necesitar siempre un experto al lado. Hay que despejarse de los problemas de casa y disfrutar con nuestros colores”, apunta García Sierra.

 

Esta versión de la obra, que se estrenó en 2014 en Brusseto (Italia) y ha sido representada también en el Gran Teatro Nacional de Lima, está producida por la Nausica Opera Internacional de Parma y cuenta en este espectáculo con los acordes de la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla.

 

“Igual que en El Barbero de Sevilla, la obra tiene cinco cantantes, pero en este caso la orquesta tiene más protagonismo y el coro un gran peso en toda la función”, declara el director musical Yves Abel, que destaca que esta ópera se aproxima al bel canto de Rossini. La ciudad española de Sevilla acoge el espíritu de la comedia del arte italiana con el imaginario que un día un colombiano ideó.

 

Vía: El País