Ricardo Montilla, su tío abuelo materno, es el que despierta en Armando Reverón su vocación artística al instruirlo en el dibujo del natural y reforzando el gusto por la pintura que había demostrado desde la niñez.

 

La familia Rodríguez-Zucca se hace cargo de su educación en la ciudad de Valencia, donde tiene la oportunidad de conocer el estudio de Juan Antonio Michelena, padre de Arturo Michelena, y comienza a estudiar seriamente el dibujo.

 

Reverón 3Ya para aquel momento los mentores hablaban del carácter melancólico y por momentos irascible que demostraba el joven Reverón, quien en varias oportunidades empleó las paredes de la casa de los Rodríguez-Zucca para plasmar en ellas algunas de sus creaciones artísticas.

 

Cuando alcanza lo 18 años, Reverón entre en la Academia de Bellas Artes y se hace alumno de Antonio Herrera Toro, Emilio Mauri y Pedro Zerpa, al tiempo que convive como estudiante con Manuel Cabré,  Rafael Monasterios y Antonio Edmundo Monsanto.

 

Su destacado paso por la Academia le permite obtener una beca para viajar a Europa, donde además de sentir una profunda admiración por el trabajo de Francisco de Goya, pasa por el taller de José Moreno Carbonero, el extravagante maestro de Salvador Dalí.

 

Ya para el año 1916 Reverón produce algunas de sus primeras piezas, en las que se destaca el predominio de una tonalidad azul. De vuelta en Venezuela, decide vivir entre La Guaira y Caracas, dedicándose entre otras cosas al oficio de maestro. En los Carnavales de 1918 conoce a Juanita Ríos, la mujer que se convertiría en su modelo y esposa por el resto de sus días.

 

En El Litoral coincide con artistas como Nicolás Ferdinandov, Samys Mutzner y Emilio Boggio, tres hombres que marcarían notablemente su trabajo y le aportarían indicios acerca de hacia dónde dirigir sus inquietudes plásticas, experimentaciones que se dedicarían muy especialmente al estudio y comprensión de la luz, llegando a convertirse, con el paso de los años, en uno de los artistas nacionales más lúcidos y acertados en materia de la reproducción de los efectos del sol tropical sobre las formas y los objetos.

 

Reverón 4Su Época Blanca, como la definió Alfredo Boulton, va muy de la mano con estas inquietudes y se desarrolla desde el año 1924 hasta el 1933, cuando ya Reverón tiene años refugiándose en El Castillete para apartarse del mundanal ruido citadino y dedicarse a su labor pictórica.

 

La experimentación con diversos materiales como soporte y pigmento, dan origen en la década de los cuarenta a su Período Sepia. El paisaje marino y el desnudo femenino siguen constituyendo una de sus principales fuentes de inspiración, pero una crisis psicótica lleva al artista a una etapa de reclusión en el sanatorio San Jorge de José María Finol.

 

En este recinto produce al menos una docena de obras, tomando como modelos a los demás enfermos del lugar, sus enfermeras y los jardines del sanatorio. Biógrafos e historiadores consideran que una vez repuesto de esta etapa, Reverón nunca volvió a pintar como antes y se abre para él un nuevo período, en el que se refugia en un universo mágico, donde predominan especialmente los objetos, como sus muñecas de trapo, y recurre al uso de materiales como los creyones y las tizas.

 

Reverón 2A comienzos de la década de los cincuenta, Reverón sufre una nueva crisis que lo asalta cuando se encuentra trabajando en una exposición para el Museo de Bellas Artes. La colosal muestra, compuesta por casi 400 obras, se llevó a cabo de forma póstuma, pues el artista caraqueño murió en septiembre del año 54, un año después de recibir el Premio Nacional de Pintura.
 

La obra de Armando Reverón fue declarada Bien de Interés Cultural de la República en el 125 aniversario de su nacimiento y sus restos reposarán, además de los de César Rengifo, en el Panteón Nacional.